6 de febrero de 2014

El socialista Simancas y su guerrita con Coca-Cola




–¡Ring, ring!

Bueno, este timbre de teléfono ya no se usa, rectifico:

–¡Ni, no, ni; ni, no, ni!

–Buenas, ¿es ahí la Coca-Cola?

–Sí señor, para servirle. ¿Cuantas cajas va a querer…?

–No, vera, es que soy Rafael Simancas...

–Ya, el del bar ‘El Cucurucho Volante’, ¿no?

–No señor, soy el secretario de Formación del PSOE y portavoz socialista de Fomento en el Congreso, y…

–Pues ese bar no me suena, caballero. Lo siento. A ver…, sí, está el bar ‘Fomentos y Paños Calientes’. ¿Es el suyo por casualidad…?

–¡Que no tengo un bar, caramba!

–¿Y entonces para qué llama a Coca-Cola, carajo?

–Oiga, sin palabrotas, ¿eh? Verá usted, es que quiero decirles que no voy a beber más Coca-Cola.

–O sea que no va a querer más cajas. Muy bien. Dígame el nombre de su bar, para darlo de baja.

–Y dale. Que lo que yo quiero es anunciarles que los "diputados socialistas" no consumiremos Coca-Cola si hay despidos. ¿Estamos?

–O sea que no van a querer más cajas de Coca-Cola, evidentemente. Oiga, Simancas, a mí no me haga perder el tiempo con guanajadas, ¿eh? Si usted no quiere que le sirvamos más cajas, lo dice y ya está. ¿Cuál es el nombre de su bar…? Claro que a lo mejor lo que usted tiene es una casa de citas, por no decir de putas, y le da vergüenza decir el nombre. ¿Es eso, caballero? Nosotros estamos acostumbrados a todo, no sea tímido. ¿Se trata de ‘La Gatita Insaciable’, por casualidad…? ¿O tal vez lo suyo es más de gays? ¿‘El Mandinga Imponente’, tal vez…?


–¡Uy lo que me ha dicho el obrero este de las narices!

24 de enero de 2014

Don Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y sus 143 ministerios




–Buenas, yo es que quería saber por qué no hay papel higiénico en la Venezuela bolivariana y socialista del siglo XXI.

–Ah amigo, eso depende del ministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, nada menos.

–Vaya hombre, pues yo estaba convencido de que dependía del ministerio para la para Conservación Ambiental y Manejo de Desechos.

–Pues no. Pero a lo mejor le pueden dar un par de rollos, de tapadillo, en el ministerio para el Vivir Bien de los Pueblos Indígenas.

–¿Y no es el mismo que el ministerio para el Saber Ancestral de los Pueblos Indígenas?

–No señor. ¡Faltaría más! Pero vamos a ver: ¿acaso es usted indígena...?

–No, pero yo con tal de conseguir papel higiénico me hago indígena en un momentito.

–O sea que no lo es, no me engañe. Así que va a tener que ir a por su papel higiénico al ministerio de Comunidades Educativas y Unión con el Pueblo.

–Joer, qué raro. ¿Y eso por qué...?

–Pues porque me da la gana, que para eso soy el viceministro de Planificación Estratégica y Política Socialista y Bolivariana del Siglo XXI. ¿Pasa algo...?

–No señor, en absoluto.

–Y no se me ponga chulo, porque le echo al ministro de Atención al Adolescente en Conflicto, o al de Atención al Privado y Privada de Libertad.

–Qué horror, no por favor. Yo me porto bien, se lo juro.


–Ah, bueno. Pues entonces vaya al ministerio de Redes Sociales, dice que va de parte del ministerio del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno, y allí le darán un boleto para el sorteo de un rollo de papel higiénico. Doble capa y todo, ¿eh...? Todo sea por la suprema felicidad del pueblo socialista y bolivariano.

23 de enero de 2014

Pollo a la oriental, o vaya usted a saber



Para hacer pollo a la oriental lo primero que se necesita es un oriental…, digo un pollo. Y un pollo que además esté muerto y pelado, porque si no todo son líos. Capaz que el pollo vivo se le tira a la yugular en el momento en que usted pretenda hacer un guiso con él, porque son muy susceptibles estas aves, ya sean de corral o de ferretería.
El pollo de corral suele salir más barato que el de ferretería, a no ser que usted conozca al dueño de la ferretería y se lo ponga a buen precio e incluso se lo regale. El principal inconveniente de los pollos de ferretería son los tornillos: es una lata estar separando los tornillos al comerlo; pero una vez separados le pueden servir para atornillar algo.
La pechuga de pollo es una parte muy buena para hacer pollo oriental, porque desorienta. Se compran tantas pechugas como comensales si usted no se quiere quedar corto de luces, y luego las corta en trozos como de tres metros de diámetro entre perpendiculares. No, esto último es mentira: usted ya debería saber cómo han de ser los trozos de pechuga, ¿o no? Vamos hombre, ni que fuera la primera vez que se enfrenta usted con un pollo, por muy oriental que sea.
Una vez cortados los trozos de pechuga se meten en un caldero de fondo plano, con aceite de oliva en dicho fondo, y se sofríen a fondo. No, mejor sofríalos poco, no sea que se le quejen luego los comensales con el rollo de que el pollo le quedó duro. Malagradecidos que son todos los concejales, digo comensales.
Ah, se me olvidaba: este pollo lleva orejones y ciruelas pasas, que deben ser marinados previamente. Con un viaje en crucero por el Caribe es suficiente para que queden bien marinados, pero también basta con meterlos en un bol con vino de Jerez. Yo no tenía de ese vino y le eché el de un señor que se llama Sansón.
Me olvidaba decirles que el pollo sofrito debe usted separarlo del caldero, aunque no quiera, porque en el mismo aceite del citado caldero debe usted echar cebollas picadas o troceadas y una cosa, también troceada, que ahora mismo no me acuerdo cómo se llama. Apio no es, de eso estoy seguro. A ver díganme cosas que se le puedan echar al pollo oriental… Como pista les diré que es como un bastón de color blanco con un fleco en un extremo y por el otro no. Alcachofa tampoco es… ¡Consio, que no me acuerdo! Voy a consultar un momento a la enciclopedia, ustedes perdonen. (…)
Los puerros, contra. Eran los puerros. Tuve que ir a una lista de las verduras de temporada. Qué horror, bien de verduras. Pues eso, coge usted un puerro, lo trocea y lo echa al aceite calentito con las cebollas. Una vez que está todo eso pochado, o no pochado, o ambidextro, va y le echa los orejones con el vino y las ciruelas. Aquí no se tira nada, pero el bol de marinar no lo eche, porque suele estar duro como su propio nombre indica.
Ahora es el momento de echarle la salsa de soja. A ojo, ¿eh? No se le ocurra andar con tonterías de medidas ni nada: a ojo. Lo remueve todo bien, y luego lo prueba. Comprobará que le ha quedado algo salado, sí… Motivo por el que va usted y le echa miel. También a ojo. Le da un buen meneo a la cosa con un cucharón de mango para no quemarse, y hala, ya puede usted echar dentro el pollo previamente separado. Otro hervor, y a comer. También puede esperar a que se enfríe un poco, o sea que no sea ávido o ansioso.

Lo acompaña con arroz o patatas fritas, o bien lo acompaña a un paseo romántico a la orilla del mar; ya que a estas horas tempestivas suelen echar unas puestas de sol muy monas y aparentes. Y luego, si se dan las circunstancias, puede usted proponerle matrimonio y dejar ya de vivir amancebado con el pollo. ¿Estamos…? Bueno está lo bueno, que lleva usted años viviendo en pecado con ese pollo, por muy oriental que sea. 

3 de enero de 2014

Horóscopo 2014, o vaya usted a saber



Según el horóscopo chino, el 2014 estará regido por los movimientos telúricos y el caballo…
–Vaya por Dios. ¿Cuándo dice movimientos telúricos se refiere a los terremotos?
–No, me refiero a las rocas de color negro azulado que se dividen fácilmente en hojas de afeitar.
–Vaya, menos mal, no sabe el peso que no me quita de encima.
–Pues haga el favor de devolvérmelo, porque ese peso es mío.
Como además es el año del caballo, se podrá galopar más a menudo en horas intempestivas. En las otras, no. Sin embargo más allá de los sucesos generales que se prevé sucedan en 2014 –por ejemplo la caída del ‘Imperio Romano’, una pizzería que hace muy bien los canelones en su tinta–, está la suerte de cada uno definida en su signo zodiacal, y a ello vamos con el permiso de ustedes:

Aries. En salud les irá bastante bien, pero buscarán cambios… Por lo que los Aries que les toque la gripe por ejemplo, la cambiarán por unas hemorroides bien despachadas. En el tema del amor deberán tener cuidado con las separaciones y los cuernos. En la economía deben fijarse muy bien en el índice Dow Jones, o en el de su primo Gregorito. Consejo: encender una vela blanca para depurar malas energías, tres veces al día después de las comidas.

Tauro. Tendrán mucha fuerza para luchar este año, por lo que deben tener presente la frase “alea jacta est”, de venta en farmacias y ferreterías de confianza. En el factor económico se verán perturbados por una borrasca al norte de Las Azores, que les traerá chubascos a medida que avance el día de autos de choque. Consejos: deben cuidarse mucho el cuello del útero y los omoplatos; y además llevar siempre consigo un objeto de plata amarrado con una cadena y con bozal. Hay que recoger las deposiciones del objeto, no se olviden.

Géminis. Tendrán cambios muy profundos… La fosa de las Marianas se quedará chica al lado de los cambios que experimentarán los aficionados a este signo. Si no conocen la fosa de las Marianas, no se han perdido nada… Oh, ni siquiera están buenas las Marianas. Su clave será “yo primero”; pero tengan cuidado en las colas, no sea que el de delante les dé por la mamona. Consejo: deberán siempre portar una hoja de laurel y tres euros de churros en el bolsillo.

Cáncer. Experimentarán cambios positivos en la salud; por lo que esa oreja que se les iba a caer ya no se les caerá, y además se pondrá muy contenta. En economía tendrán que seguir sufriendo al Montoro, como el resto de los españoles. Se siente. Para el amor hay buenos augurios: su señora se escapará por fin con el del butano. Pero poquito, el del butano no la aguantará más allá de la esquina. Deberán prestar atención a su lado sensible y cruzar por los pasos de peatones. Consejo: mantener un vaso de agua en la mesa de noche y otro en la mesa de día. Además deben portar siempre un pedacito de espejo, por si les apetece pintarse los labios entre horas.

Y mañana, más. Hasta luego, Lucas Cranach el Joven.

29 de diciembre de 2013

Cena de Navidad, aproximación





–No quiero ir a la cena de Navidad en casa de la abuela.
–¿Cómo va a ser eso, Carlitos? Es una tradición familiar que tenemos que respetar. Las tradiciones familiares son uno de los pilares de nuestra civilización, Carlitos.
–Es verdad lo que dice tu padre.
–Ya, pero no me gusta su sopa.
–¿Cómo que no te gusta la sopa que hace mi madre, mal hijo?
–No, y además ya lo deben saber, porque todos los años me vomito.
–Eso es porque te hinchas de polvorones antes de cenar.
–No, eso es porque la sopa está asquerosa.
–Huy lo que ha dicho el niño. ¿Te das cuenta, querida?
–Sí que me doy cuenta, Arturo. Bueno, Carlitos, pues este año te tomas solo una cucharada y ya está. Argumentas que no tienes más ganas.
–No puedo, porque la abuela me obliga a comérmela toda.
–Carlitos, tengamos la fiesta en paz, ¿eh?
–Bueno, pues me vomitaré y lo pondré todo perdido.
–¡Como tú te atrevas a hacerle eso a la abuela!
–Oye, Arturo, que a lo mejor el niño tiene razón.
–Vaya por Dios. ¿Quieres decir con eso que a ti tampoco te gusta la maravillosa sopa de gallina con tropiezos que hace mi madre?
–Pues ahora que lo dices, no. Y nunca me ha gustado, que lo sepas. No sé qué clase de potingue le mete, que le da un sabor muy raro. Cuando éramos novios, llegué a pensar que tu madre me quería envenenar.
–¡Qué desgracia más grande, Dios mío de mi vida! ¡Vaya una forma de denostar una sopa tan buena!
–Vale, pues este año te la tomas tu toda. Me pongo de parte del niño, hala.
–Bueno, bueno, vamos a relajarnos todos. Le diré a mi madre que no ponga sopa.
–Pero papi, es que la carne mechada que pone después de la sopa tampoco me gusta.
–¡Ay Señor de la Cañita, que me va a dar algo!
–Pues si te va a dar algo, te tomas la pastillita de la tensión. También estoy de acuerdo con el niño en lo de la carne mechada. Yo creo que es que le pone mucha pimienta negra. Y encima le añade nuez moscada, cuando todo el mundo sabe que no lleva nuez moscada la carne mechada, por muy mechada que esté.
–¿Y ahora qué hacemos, porque la cena es esta noche…?
–Pues la llamas y le dices que estamos los tres con la gripe. Venga, estás tardando.
¡Rin, ring!
–Hola, mami, soy yo tu hijo Arturo... Sí, sí… Estamos todos bien… Digo no, no, estamos fatal, que precisamente por eso te llamo. Estamos con la gripe los tres y no vamos a poder ir a tu cena de Navidad… Sí, ya fuimos al médico.  Bueno, pues entonces nos disculpas con… No, mami, no; muchas gracias pero no.  ¡Qué no, leche…! Bueno, pero no te pongas así… Vale, vale, eso mismo.
¡Clink!
–¿Ya está arreglado, Arturo…?
–Uf, una barbaridad: Se viene ella aquí a casa, con la sopa de gallina y todos los tropiezos incluidos. Y la carne mechada, claro está.
–¡La madre que la parió!
–¡Concha, por favor, que es mi madre!
NOTA: Cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia. Si yo les contara…
–No puedo creer que nos vaya usted a contar algo más. ¡Desaprensivo, que es usted un fuerte desaprensivo!

–No, no, doña Eufrasia, era una forma de hablar; digo de escribir.

25 de diciembre de 2013

Menú navideño, adecuado a la crisis



En estos tiempos navideños es mucha costumbre maltratar el presupuesto familiar como si fuéramos políticos en ejercicio gubernamental o pecaminoso, y no es plan. No es plan, porque después viene el tío Paco con las rebajas, no nos queda dinero para comprarle sus fruslerías, y ya saben ustedes cómo se pone Paco cuando no se le compran sus fruslerías.
Por ello, o por el contrario, nuestro equipo de Grandes Misiones Filantrópicas les ha preparado un menú navideño de lo más aparente y económico, con el cual podrá usted deleitar a sus familiares, amistades y demás personas odiosas, sin que la cuenta corriente se le convierta en una cuenta despreciable. No hay nada peor que ir por la calle mirando para el suelo para no pisar una mierda, y que cualquier desaprensiva llamada Concha le diga a su vecina Paquita: “Míralo, ahí dónde le ves con esa cara de pardillo, tiene una cuenta corriente despreciable. ¡Mejor tuviera vergüenza!”. Y esto es muy humillante, por la afición que tiene doña Concha a proclamar sus sentencias con un megáfono de 70 decibelios, un decibelio menos en Canarias.
Para preparar un menú económico nosotros les aconsejamos usar aves. ¿Por qué…? Pues porque hay más aves que otros bichos comestibles, y entonces están mejor de precio. Claro que, dentro del mundo de las aves, como hay mucha pluma, se puede encontrar usted desde unos capones que valen un dineral el metro cuadrado, a pesar de su condición de eunucos; pasando por unas pulardas que no sé qué consio son; hasta acabar en el pollo. Lo que pasa es que el pollo también tiene sus más y sus menos, porque está el pollo campero, que por vivir en el campo y componer poesías sale carísimo; y el pollo de origen urbano, que por dedicarse a la vida disoluta es más barato e incluso cuenta chistes verdes.
Y ahora me disculpan un momento porque estoy en pleno proceso de destupir el fregadero de la cocina y tengo que echarle abundante agua, ya que hace quince minutos y medio le eché tres tapones de desatascador. (…) Ya está. Yo creo que traga mejor que anoche. Anoche tragaba muy malamente, tanto que ni se comió el postre, y ahora hace: ¡glo, glo, glo, tras! Sobre poco más o menos, porque no conozco el lenguaje de los fregaderos lo suficientemente bien como para transcribirlo al tagalo.
Huy, ahora precisamente me he llevado una alegría de considerables proporciones, porque se me acaba de poner el router inalámbrico a trabajar de una pugnetera vez. Por lo menos ya tiene todas las lucecitas encendidas. Al próximo que me lo vuelva a apagar para hacer la gracia, lo desgracio. De forma metafórica, quiero decir, porque tampoco es cuestión de ir por ahí en plan Rambo.
Una vez decidido que vamos a hacer pollo, es cuestión de buscar una pollería de confianza. Lo cual es muy difícil  porque casi todas se han vuelto hoy muy confianzudas. Yo compro mis pollos en la pollería de Kiko, donde tienen un cartel con dos gallinas pintadas, y una le dice a la otra: “Pon los huevos bien grandes, que son para Kiko”.
Los pollos normales son de dos principales categorías: los congelados y los frescos. Estos últimos, o sea los frescos, son más caros por el trabajo que tiene el dueño de la pollería en descongelar los congelados. O sea que yo le recomiendo los congelados, que ahora, con eso de estar en la Unión Europea, vienen hasta con carnet de identidad. Sí señora, hoy en día, los pollos vienen con un carnet que pone: Lugar de origen, lugar de engorde, lugar de echar una canita al aire, lugar de sacrificio, lugar de conservación y lugares varios. Hay algunos pollos que vienen hasta con la información de quién fue su padre y sus mil probables madres.
Una vez con el pollo en su poder, deberá elegir una receta para preparar capones rellenos. ¡Qué menos! Ahora bien, si la receta incluye piñones, ni se le ocurra usarla: Los piñones están carísimos… Tanto o más que la langosta ‘ugetera’, que como ustedes deben saber es una langosta muy partidaria de los sindicalistas españoles o viceversa.
Un relleno de pollo económico y ad hoc, consiste en meter en el pollo higadillos de pollo y salchichas picadas, con su sal y su perejil. También picado el perejil, no sea que se pique.
Y como esto está ya muy largo, mañana si Dios quiere les continuaré hablando del bosón de Higgs, alias María Manuela.
¡Última hora y media! El Nobel de Física don Francois Englert, como se aburre mucho y su señora no le hace ni caso, propone que el bosón de Higgs pase a denominarse bosón H. Hay gente para todo, claro está.

17 de diciembre de 2013

Las buenas costumbres en la mesa, o no





Como en estas nada entrañables fiestas que se avecinan, vamos a usar mucho la mesa…
–Perdón, pero se trata de fiestas muy entrañables.
–Yo sé lo que me digo, y haga el favor de no interrumpirme.
Pues eso, que como dentro de unos días tendremos la oportunidad de usar mucho la mesa –para comer y no para hacer guarrerías, que hay gente para todo–, pues me dije: Dale la lata al respetable con una de tus tonterías sobre los buenos modales en la mesa. Y dicho y hecho, me he empapado ad hoc de unos manuales de la Enciclopedia Británica... Mentira porque los cogí de la Internet. Y ya vamos a lo que vamos:
Para tener buenos modales en la mesa, lo primero que tenemos que saber es lo que es una mesa, porque si no después todo son líos. Y una mesa, queridos niños y niñas, es un:
Mueble compuesto de un tablero horizontal liso y sostenido a la altura conveniente, generalmente por una o varias patas, para diferentes usos, como escribir, comer, etc.
Esto lo dice nada menos el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua… ¡Nada menos! Y les puedo asegurar y les aseguro, que los académicos han metido la pata hasta el fondo de reptiles, porque no existen mesas de una sola pata… Una mesa de una pata ni es una mesa ni es nada. Ni de dos patas pueden ser las mesas, ¿verdad que sí? Las mesas han de tener tres patas por lo menos. Y punto.
Así que cuando los inviten a comer, es de muy buena educación preguntar cuántas patas tiene la mesa; y negarnos solemnemente a acudir si la mesa tiene menos de tres patas. ¿Estamos? Pues eso.
La mesa, según los eruditos en mesas, es uno de los lugares donde más clara y prontamente se revela el grado de educación y de cultura de una persona. Por lo que una regla fundamental es evitar saltar encima de ella a bailar pasodobles, sin que hayan servido el postre. Después del postre ya sí se puede; siempre y cuando no le den fresas con nata, en cuyo caso es mejor bailar unas sevillanas.
No tomemos nunca asiento en la mesa antes que lo hayan hecho nuestros padres, o cualesquiera otras personas de mayor respetabilidad que nosotros, como por ejemplo el secretario general de UGT don Cándido Méndez. Lo que pasa es que una vez se siente don Cándido, nos dejará sin probar el marisco. Así que no lo inviten a comer, a no ser que sean ustedes alérgicos al marisco.
La regla anterior no tiene aplicación en las fondas y restaurantes, donde cada cual toma asiento en la mesa desde el momento en que llega, siempre que no padezca de almorranas.
Una vez que están todos los invitados sentados, siempre hay algún listillo que dice: “No podemos empezar a comer, porque no ha llegado Fulanita”. En cuyo caso es de buen gusto decir: “Pues que se joda Fulanita”. Para a continuación manifestar a voz en grito: “¡Pongan ya la pitanza, venga!”.
Situémonos a una distancia conveniente de la mesa, de manera que no quedemos ni muy próximos ni muy separados: Dos kilómetros se considera demasiado, y tres milímetros una gilipollez.
No apoyemos nunca en la mesa todo el antebrazo; con medio antebrazo ya se cumple. Y en ningún caso hemos de poner sobre ella los codos en el momento de comer, porque puede haber un inspector de codos y nos deja en un feo.
Es de muy mala educación tocar los brazos de las señoras que estén a nuestro lado en la mesa, si no vamos con intenciones libidinosas o sicalípticas. Se lo pueden tomar a mal las susodichas, no se crean.
Aunque se tenga mucha hambre, es muy indecoroso abalanzarse sobre el pan: Pídanle antes al camarero doscientos gramos de serrano para hacerse un buen bocadillo. También pueden pedir chorizo de cantimpalo.
Y como ya esto es muy largo, les interpretaré una milonga….
–¡No, por favor!

–Bueno, vale.